2010 - SEMANA 20 - Del 10 al 16 de mayo de 2010

2010 - Semana 20

Del 10 al 16 de mayo de 2010

HISTORIAS 20

 

Tigran Petrosian

Primera parte: el genio armenio

 

Tigran Vartanovich Petrosian (1929-1984) fue el noveno Campeón del Mundo de Ajedrez. Destronó en 1963 nada menos que al padre de la Escuela soviética Mikhail Botvinnik. Ganó cuatro veces el superlativamente fuerte Campeonato de la URSS y tiene score favorable con la mayoría de los grandes de su generación. Durante casi treinta años, desde 1953 a 1980, clasificó a siete de los diez Torneos de Candidatos a Campeones del Mundo, ganando uno de ellos.

 

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Tigran Petrosian

 

En sus mejores años solía perder tan pocas partidas que cada derrota suya causaba sensación. No obstante estos impresionantes éxitos, su poco espectacular y tranquila forma de plantear el juego lo convirtió en uno de los campeones mundiales menos apreciados en la historia del ajedrez y hasta en alguna ocasión, injustamente llegó a causarle problemas personales.

 

Petrosian, nacido en Tbilisi, capital de Georgia, cultivaba un estilo incomparable, que le convirtió en uno de los jugadores más particulares de la historia. Era un virtuoso de la defensa con una enorme capacidad para prevenir el peligro y para explotar los imperceptibles matices de la posición.

Su primer contacto con el ajedrez fue tardío, ocurrió cuando tenía 11 años. Aún así, pronto mostró que su paso por el tablero no iba a ser simplemente testimonial, demostrando una capacidad de comprensión del juego nada habitual para su edad. Su evolución se vio interrumpida por un trágico suceso: sus padres fallecieron durante la II Guerra Mundial. Tigran tenía 14 años cuando esto ocurrió y tuvo que hacerse cargo de sus numerosos hermanos, por lo que temprano se vió obligado a empezar a trabajar. Esta dura experiencia marcaría su vida y su forma de ser, y seguramente influyó en su forma de jugar al ajedrez. Tigran aprendió a vivir rodeado de adversidades y se las tuvo que ingeniar para tratar de solucionarlas, por lo que se volvió precavido y racional, cualidades que trasladó al tablero.

Supervisado por su primer entrenador el sutil maestro posicional georgiano Archil Ebralidze en la Escuela de Pioneros de su Tbilisi natal, estudió el juego de Nimzowitsch, Capablanca y Lasker, algo que ayudó a forjar su estilo posicional. Su primer libro fue 'Mi Sistema', de Nimzowitsch, del que aprendió los fundamentos de los hipermodernos. Esta formación luego le hizo elegir el camino del pragmatismo para su juego.

 

 

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Hijo de armenios, se trasladó a Ereván, capital de Armenia,  donde se convirtió en el Campeón de Armenia y se relacionó con el entrenador Genrij Kasparian, un jugador muy agresivo.

 

Pronto se instaló definitivamente en Moscú. Su progreso fue lento y gradual. Sus comienzos en el ajedrez fueron irregulares. Alternó actuaciones mediocres con algún resultado brillante. Tras participar dos veces en el Campeonato de la URSS, queda en el segundo puesto en su tercera aparición en 1951. Todavía nada hacía presagiar el caudal de enormes éxitos que llegarían unos años después.

 

Fue en el año 1952 cuando su nombre saltó a la primera plana mundial, con su tercer puesto en el Interzonal de Saltsjobaden, lo que le daba una plaza para el torneo de candidatos y le sirvió para obtener el titulo de GM. En dicho torneo concluyó en 5º lugar, con 15 de 28.

Los años pasaban y Tigran fue ganando en regularidad, aunque le seguían faltando triunfos en torneos. De esta época se rescata su victoria en el Campeonato de la URSS de 1956, con la que clasifica al Interzonal de Amsterdam.

En el transcurso de este gran torneo jugó de manera desafortunada y no supo convertir en victoria cinco posiciones ganadoras – entre ellas la famosa partida que perdió contra Bronstein  donde “colgó” su dama en una. Partida que de haber ganado, lo hubiera convertido en el aspirante al título mundial en lugar de Tal. A pesar de ocupar una honrosa tercera plaza en la clasificación, la prensa soviética le criticó despiadadamente. Las críticas feroces por su estilo de juego, en su propio país, periodistas y aficionados mostraron su desacuerdo ante la falta de ambición en sus partidas. Esto le afectó tan profundamente que se planteó seriamente abandonar la práctica del ajedrez.

Sólo el apoyo de sus amigos, que le animaron a seguir adelante, hizo que reconsiderase su decisión y continuase acudiendo a torneos. Tigran tenía detrás a todo un país, Armenia, que le apoyaba y que celebraba sus triunfos con fervor, por ellos y sólo por ellos decidió continuar luchando en el tablero.

 

Petrosian siguió defendiendo su estilo de juego y perseveró hasta demostrar que podía ser una forma de jugar válida. Y los resultados empezaron a llegar. A partir del año 1958 resulta imposible no ver a Petrosian en la parte alta de la tabla de los torneos más importantes.

 

 

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Fischer – Petrosian Curaçao 1962. Foto: ChessBase

 

Sus victorias en el Campeonato de la URSS y otros torneos internacionales le dieron una gran confianza, que le sirvió para triunfar en el torneo de candidatos de Curacao en 1962 ganando la posibilidad de entrar para siempre en el Olimpo de los campeones del mundo del ajedrez.

 

En Moscú en 1963 llegó el gran momento para el aspirante Petrosian: preparado para defender su título mundial le esperaba nada menos que el patriarca Mikhail Moiseievich Botvinnik.

 

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El encuentro estuvo muy igualado en un principio, con muchas partidas que finalizaron en empate, algo lógico teniendo en cuenta el sólido estilo de ambos jugadores. Pero el tramo final fue dominado por el aspirante, que consiguió el triunfo final holgada y merecidamente aunque un envejecido Botvinnik haya mostrado algún agotamiento sobre el final. El tanteador +5 -2 =15 o sea 12½ a 9½.

Los que antes le criticaban, ahora se deshacían en elogios y comentaban que Petrosian era un jugador invencible. Su fama a este respecto empezó a ser casi legendaria.

 

 

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Tres años después, en el momento álgido de su carrera, Petrosian puso en juego su título. El aspirante, un compatriota con mucho talento: Boris Vasilievich Spassky. El encuentro estuvo igualado de principio a fin, pero finalmente el campeón logró retener su corona por sólo un punto de ventaja. El juego de Petrosian resultó sorprendente, ya que en varias partidas combinó con brillantez y éxito. El propio Spassky se mostró sorprendido por el estilo táctico de su rival a lo largo del match.

Transcurrieron otros tres años y se completó un nuevo ciclo de candidatos. Nuevamente el más fuerte fue Boris Spassky, que se volvería a encontrar con “el muro” Petrosian. Pero Spassky había progresado mucho. Bajo la influencia de un nuevo entrenador (Alexander Tolush)  había mejorado su juego táctico y Petrosian nada pudo hacer ante el muy completo estilo de su rival.

Petrosian ya no tenía la corona de campeón del mundo ceñida a su cabeza, pero su juego no decayó y los buenos resultados siguieron acompañándole a lo largo de la década de los años 70.

Petrosian no volvió a jugar una final del campeonato del mundo, aunque siguió siendo un habitual participante en los torneos de candidatos. En 1971 llegó a la final de dicho ciclo en Buenos Aires en el teatro San Martín, pero allí se cruzó con un gigantesco Bobby Fischer (que venía de barrer categóricamente 6 a 0 a Taimanov y a Larsen) que le derrotó por 6½-2½ y que un año más tarde se proclamaría décimoprimer campeón del mundo al derrotar a Spassky.

 

 

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En el siguiente ciclo del año 1974 cayó ante el disidente Victor Korchnoi. Al volver a la URSS derrotado por "el traidor" -que volvió a eliminarle en 1977 y 1980- es destituido como director de la revista 64.

Petrosian siguió jugando hasta el año 1983, donde,  como a la gran mayoría de jugadores, el dominio de Karpov y Kasparov le relegó a un segundo plano.

Petrosian tenía un gran talento táctico, pero apenas lo utilizaba. Su forma de ser, apocada y precavida, le impedía asumir riesgos en sus partidas y se conformaba con ir desbaratando los ataques de sus rivales. Por esta aparentemente tranquila espera para de pronto tirar el zarpazo mortal, muchos le llamaban “el tigre”

Era capaz de calcular infinitas variantes, pero utilizó este don para prever las combinaciones que podían realizar sus adversarios y tomar medidas defensivas para que no fuesen llevadas a cabo. Combinaciones que la mayoría de las veces el  rival no alcanzaba a considerar. Su biógrafo definió el juego de Petrosian a través de un refrán ruso: "Mide siete veces y corta una". En Armenia su fama merece honores hasta el día de hoy.

 

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Donde confirmó contundentemente la aureola de invencible que le rodeaba, fué en las Olimpiadas donde hasta hoy se le considera como el más exitoso jugador en olimpiadas, aún mejor que Fischer. Durante su participación en 10 olimpiadas desde 1958 a 1978 y con un total de 129 partidas, solamente sufrió ¡sólo una! derrota – perdió por tiempo en posición de tablas contra el Dr. Robert Hübner. Ganó seis medallas de oro, dos de ellas en el primer tablero del formidable equipo soviético del que fue pilar y para el que supo movilizar fuerzas y sacrificar su carácter pacífico. Evidentemente no supo, no pudo o no quiso desarrollar esas fuerzas durante los torneos individuales.

 

Por desgracia, sus éxitos olímpicos se mencionaron de forma deficiente, teniendo en cuenta que fueron sus logros más impresionantes durante todo su reinado como Campeón del Mundo. Petrosian – en comparación con Fischer – obtuvo más éxitos, pero el americano disponía siempre de más y mejor publicidad. Mientras Petrosian, después de la impresionante victoria que consiguió en el torneo de los candidatos en Curaçao en 1962, fue llamado “estafador”, Fischer asumió el papel de víctima denunciante y públicamente atacó los acuerdos de tablas entre los jugadores soviéticos.

Estudió y se doctoró en Filosofía, en el año 1968, campo en el que se destacó. Sus mentores lamentaron su dedicación al ajedrez, ya que de este modo se perdió un gran pensador que podía haber aportado grandes ideas al mundo del razonamiento. Su tesis se tituló: "el pensamiento en la lógica ajedrecística", tema que, como ha quedado demostrado, dominaba a la perfección.

Era bastante sordo, de manera que a veces cuando jugaba y  no quería ruido, desconectaba su audífono. Su archirival Korchnoi decía que lo desconectaba sólo cuando jugaba a ganar pero si no estaba en buena posición lo dejaba prendido para no perderse alguna propuesta de tablas salvadora.

 

Tigran Petrosian, según sus compañeros de tablero, fue una excepcional persona, amable y siempre sonriente, una de las figuras más destacables de la historia del ajedrez.

 

Falleció el 13 de agosto de 1984 en Moscú.

 

 

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Memorial Tigran Petrosian en Moscú

Un joven Garrri Kasparov quita el velo al mausoleo de Petrosian.

 

Las estadísticas totales de Petrosian son: 691 victorias, 1056 tablas y 158 derrotas; con un promedio de 64%.

Este es un resumen de la vida del jugador apodado “el tigre” “la boa constrictor” “el muro infranqueable” que mejor comprendía una posición, capaz de defenderse de cualquier ataque o inclusive posibilidad de ataque, y capaz de presentir el peligro varias jugadas antes de que llegase y capaz de crear las famosas posiciones “resorte” que aunque de aspecto inocuo tenían gran energía.

 

Sus investigaciones y su arduo trabajo de análisis han encontrado unos nuevos e innovadores caminos, que modifican las valoraciones de varias de las partidas más conocidas.

 

En la segunda parte de estas “Historias” presentaremos partidas comentadas de dos grandes temas: la profilaxis y su sacrificio favorito: el sacrificio posicional de calidad. También en la segunda parte presentaremos partidas con sus aportes teóricos a las defensas indias.